3/4/09

Extrañeza

Extrañeza es el canto inesperado de un cuervo negro, un oboe en Van Morrison, una calle sin principio ni fin, el repentino interés de una mirada que se sabe descubierta, un milagro bajo la escalera, el camino que se sorprende a sí mismo girando a la izquierda donde debería girar a la derecha; extrañeza es olvido del yo, susurro en el oído, primera caricia, olor de lluvia antes de la lluvia, golpe de azafrán en la boca… extrañeza es, antes de nada, el ojo que al fin ve.

30/3/09

Fragmentos de un discurso

extrañeza
demonios
amor
pérdida
destino
tierra
niño
mirada
palabra

sentido

15/3/09

Intuición y Palabra

Así, pues, el duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar.
[…]
Para buscar al duende no hay mapa ni ejercicio. Solo se sabe que quema la sangre como un tópico de vidrios, que agota, que rechaza toda la dulce geometría aprendida, que rompe los estilos, que hace que Goya, maestro de los grises, en los platas y en los rosas de la mejor pintura inglesa, pinte con las rodillas y los puños con horribles negros de betún.
[…]
Todas las artes son capaces de duende, pero donde encuentran más campo, como es natural, es en la música, en la danza y en la poesía hablada, ya que estas necesitan un cuerpo vivo que interprete, porque son formas que nacen y mueren de modo perpetuo y alzan sus contornos sobre un presente exacto.

Teoría y juego del duende
Federico García Lorca

A pesar de que la muerte ya alcanzó a Zara –o quizás por eso mismo-, el romano Pomponio recorre las calles vacías hasta llegar a la casa de la samaritana en busca de algo que ya nunca podrá volver a tocar -la vida no es un libro en un estante-.

De una ramera ha aprendido la lección más importante: la palabra no conoce, la palabra persigue; siempre camina por detrás de lo misterioso, del duende, del amor, de la intuición… La palabra solo puede vivir cuando se ha desprendido del andamiaje, del artificio, de la técnica. Ha sido un gesto inesperado e inexplicable de Zara el que ha hecho que el romano comprenda. Un acto al margen de la palabra, al margen del lenguaje. En palabras de Pascal Quignard: “No podemos pasar por alto lo preverbal y lo prehumano sobre cuyas espaldas eso que los griegos llamaban lógos y los romanos ratio, y eso que tanto los griegos como romanos llamaban ego, no son más que moscas”.


11/3/09

El asombroso viaje de Pomponio Flato

Una vez más recorrí las calles vacías hasta alcanzar la casa de Zara la samaritana, la única persona que en muchos años de recorrer el mundo en busca de la sabiduría me había proporcionado sin pedírselo algo más valioso que el conocimiento. Quizá la famosa fuente que da el saber y acorta la vida sólo era una forma poética de describir el amor.

El Asombroso viaje de Pomponio Flato. Eduardo Mendoza. Editorial Seix Barral

6/3/09

De la mano de los hopis

Por lo visto, y a partir de sus estudios de los indios hopis, unos tales Sapir y Whorf propusieron la tesis lingüística que lleva su nombre, y que en el Dionysus de Karl Kerenyi se expresa como sigue:

La interdependencia del pensamiento y el discurso deja claro que los lenguajes no son tanto medios para expresar una verdad que ya ha quedado establecida, como medios de descubrimiento de una verdad previamente desconocida. Su diversidad es una diversidad no de sonidos y signos sino de formas de ver el mundo.

Una rápida búsqueda en Internet amenaza con arruinarme este post: por lo visto, eso de que los indios hopis no distinguen entre presente, pasado y futuro es una leyenda urbana más. Pero yo, como dicen que hacen algunos periodistas, no pienso dejar que la realidad me estropee un post: el falso mundo de los hopis merece una visita, ya lo creo que sí…

Desde que el pensamiento científico tecnológico comenzó a remontar río arriba, cual mejillón cebra, por el curso de nuestro delicado y sensible lenguaje, se nos va haciendo más y más difícil comprender algunas cosas. Ese nuevo paradigma del pensamiento va obstruyendo uno tras otro canales que necesitamos como los peces necesitan el oxígeno. Por suerte, aún nos quedan los viejos hopis y sus falsas leyendas, capaces de explicar, mucho mejor que nuestras ideas modernas, artefactos tan fascinantes como la memoria, muy debilitada a causa de la terrible contaminación que pretende equipararla con un mero registro…

Porque lo que sucede en la memoria, ¿cuándo sucede? Los falsos hopis nos indican el buen camino: la memoria no conoce pasado, presente ni futuro porque funciona como una narración sin tiempo. Como en los cuadros cubistas, en la memoria todos los tiempos suceden de manera simultanea. ¿Cómo podríamos comprender si no? ¿Cómo podríamos imaginar si no?

En la memoria, los tres tiempos son simplemente elementos que se combinan entre sí para arrojar luz los unos sobre los otros: el pasado cobra sentido –o deja de tenerlo- a partir de lo que somos hoy; el futuro es algo más que un abanico de posibilidades, un juego de descartes; es, de alguna forma, lo que hubiéramos sido a la luz lo que hemos sido.

A veces, una falsedad nos da la pista buena que nos llevará hasta la verdad…

20/2/09

Niños, no bienvenidos

Hacia el final de Caótica Ana -de Julio Medem- un guerrero toma el hacha y asesina a una mujer mientras baila enloquecido una danza siniestra: lo masculino-destrucción tratando de destruir a lo femenino-creación. No hay nada en la escena que permita explicar el asesinato: ni venganza, ni locura; se trata solo de dos fuerzas de la naturaleza enfrentándose entre sí.

Dice Belén Gopegui que la política en la novela es “un pistoletazo en medio de un concierto”. Algo similar podría decirse de la maternidad en la empresa. No se trata, no hace falta decirlo, de disminución alguna en el rendimiento laboral; sencillamente, sucede que la maternidad irrumpe en la empresa como una pregunta intolerable: a quienes viven entregados a un yo del conquistar, del tener, del competir, del destruir -cosas y personas-, a la soberbia, la codicia, la vanidad, la ira... les dice: ¿qué hacéis? Porque la maternidad es un dar sin pedir, un dar sin medida. Su simple presencia es suficiente para que la imagen que el narcisista ve en el espejo se deforme hasta avergonzar al reflejado. Su llegada significa la suspensión inmediata de la ficción. Por eso, no importa cuánto sacrifique la mujer, porque no habrá conciliación posible: solo se permiten los hijos a condición de renunciar a la maternidad. Solo si la mujer acepta ser un guerrero más, puede continuar en la empresa.

Es por eso que el guerrero mata a la mujer: para él, la imagen de la maternidad es sencillamente insoportable.

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8 robles
12 castaños
6 cerezos
3 nogales
3 fresnos
3 manzanos
1 ciruelo
1 peral

15/1/09

Un año

Mucho me resistí a empezarlo, y mucho me alegro de haberlo comenzado. Esta bitácora cumple hoy un año.

Repasando lo escrito, creo haber respondido –con más o menos ironía- a las preguntas que tiene uno que hacerse: el qué, el porqué, el donde y el quien. Falta el cuando, pero no tengo respuesta para eso: simplemente me pregunto por qué a veces tarda uno tanto en ver la luz -del faro, no nos pongamos místicos-.

No puedo decir que haya sido un año malo, aunque sí duro; difícil, pero también clarificador –o quizás debiera decir difícil por clarificador-. Ver con claridad jode, pero también alivia. Dejémoslo ahí.

Al empezar me impuse una única regla: no mentirle al papel, escribir como si no fuese a leerme nadie -o sea, intentando no mentirme a mí-. A veces lo he conseguido y otras no. En cualquier caso, si alguna satisfacción causa el texto escrito –y en esto reside su dificultad-, es la de reconocerse en lo que uno escribe. Porque de eso va este blog: de reconocerse, de saber más de uno mismo exponiéndose a los demás. Y cito de nuevo a Berger:

La dificultad de expresión de una gran parte de la clase trabajadora y de la clase media inglesa es el resultado de una privación cultural sistemática. Se les ha privado de los medios para traducir lo que saben a ideas sobre las que pueden pensar. Carecen de ejemplos en los que las palabras clarifican la experiencia. […] Para ellos, una gran parte de su experiencia –especialmente la emocional y la introspectiva- no tiene nombre.

Hace tiempo -mucho- solía bromear diciendo que yo no tenía amigos, sino publico. Cuando me la recuerdan, ya no me reconozco en la broma. Pertenece a un tipo que ya no soy yo –a veces lo imito, pero ya no soy yo-. Me decía un buen amigo que necesitamos aprender a renunciar. Toda libertad empieza ahí: renunciar a la máscara, renunciar a la mentira, renunciar, sobre todo, al miedo.

Hace poco, otra amiga me decía que estoy en una encrucijada. Yo creo, sin embargo, que todo momento, para todo el mundo, es una encrucijada: a veces tomamos un camino porque sabemos a dónde va, y otras para saber a dónde lleva. Aunque siempre he sido más de lo primero, ahora empiezo a ver la potencia –y la importancia- de lo segundo. Este blog existe por y para ese cambio.

Hay que intentarlo.

11/1/09

La mano al cinto

A mí con el sentido común me ocurre como a aquel nazi con la palabra cultura: cuando oigo la expresión, me hecho la mano al cinto. Si hay una expresión tramposa, es esta. Es, como pocas, una expresión de la soberbia y la pereza; soberbia porque niega cualquier explicación –es de sentido común, no necesito decir más-, y pereza porque supone la negativa a seguir pensando –es de sentido común, no necesito pensar más-.

Hay palabras y expresiones hacia las que uno siente un rechazo especial. La mía es esta. Cuando alguien la menciona, tengo problemas para seguir con la conversación. Si dijera que la odio, creo que no estaría lejos de la verdad.

No soy de los que leen buscando la identificación con lo leído –demasiado fácil, prefiero lo desconocido que obliga al esfuerzo-. Sin embargo, si la identificación es con el esfuerzo que el texto realiza, y no con el texto en sí, el libro se convierte en algo parecido a un amigo. Esto me ha ocurrido con Un hombre afortunado, de John Berger. Les dejo un párrafo:

Sassal disfrutaba corriendo ese peligro. El pensamiento que no entraña riesgos equivalía para él entonces a asentarse en tierra firme. “Hace muchos años que el sentido común es para mí un tabú, salvo, tal vez, cuando se aplica a problemas muy concretos y fáciles de evaluar. Es mi mayor enemigo en el trato con los seres humanos, y mi mayor tentación. Me tienta a aceptar lo obvio, lo más fácil, la respuesta que está más a mano. Me ha fallado casi siempre que lo he utilizado, y solo Dios sabe cuántas veces he caído y todavía caigo en la trampa.”

3/1/09

Aerolito en Usera

Un aerolito en el cine puede ser una amenaza de proporciones apocalípticas. En el cielo claro de Agosto es una razón para pasar la noche mirando las estrellas. En mi barrio, un aerolito es un milagro con el que uno se cruza cada vez que sube al Metro.

En un pequeño descampado, rodeada por tres calles que se prolongan justo lo que alcanza su perímetro, a una prudente distancia de los típicos edificios de la reciente oleada de ladrillismo, hay una pequeña construcción solitaria superviviente de lo que fueron los Villaverde y Usera de los años cincuenta. Era aquel un barrio donde los inmigrantes llegados de Extremadura, Andalucía, Galicia, o alguna de las dos Castillas, levantaban sus casas casi de un día para otro -como las que hoy se ven, por cierto, en esa ciudad fantasma que es la Cañada Real Galiana-. Que una casa así esté hoy en la calle del Aerolito no deja de tener su aquel -la realidad tiene su gracia creando poemas visuales-.

Alguien debió ofrecerles un salida con forma de cheque, pero a mí me gusta pensar que esos viejos que en verano sacan las sillas a la calle, están exactamente donde quieren estar: en una calle que no viene de ningún sitio y que no va a ninguna parte; porque al que está donde quiere estar, todos los caminos le sobran.

Cada vez que paso miro la casa con asombro y también con cierta envidia; envidio el árbol en el patio, el coche impecable a lo “Cuéntame”, las persianas verdes de tablilla de madera, tanta vida acumulada entre las paredes encaladas; pero lo que envidio sobre todo son esas tres calles que no van a ningún sitio. Esa es la calle en la que quiero vivir, la calle del Aerolito, caída del cielo en cualquier lugar, rodeada de cualquier cosa, pero llena de sí misma, olvidada de todo lo que la rodea.